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Historias de La Balsa

La Balsa del Raval Roig

Esta sesión del Mitolatorio ha sido un poquito diferente a las anteriores. O al menos, tiene otros ecos. Hemos trabajado con un grupo de vecinas que cuidan y mejoran un rincón de la ciudad, de esos que quedan atrapados entre medianeras, o en los márgenes de los espacios públicos, casi inaccesibles y avocados al abandono. Un trocito de ciudad que alberga muchísima vida, capacidad de juego y oportunidad de cohesión comunitaria. Y claro, tenía todo el sentido que mitolatorizáramos ese lugar y sus habitantes, ¿por qué?, porque el Mitolatorio es una actividad de mediación cultural pensada para crear colectivamente nuevos mitos contemporáneos que fabulan la ciudad, inspirados en obras de arte contemporáneo y en los géneros y subgéneros de la literatura fantástica, y busca esto:

  • Vincularse y reapropiarse del espacio urbano para hacer la ciudad más nuestra;
  • Mezclar lo real con lo imaginario para explorar: la mitología del pasado (inventando nuevos mitos que expliquen el presente) y la mitología del futuro (que nos ayuda a imaginar futuros posibles no distópicos).

¡Así que nos pusimos en marcha a crear la actividad!

Tuvimos varias reuniones con algunas personas de la asociación de vecinos y de la AFA del colegio San Roque, en las que recogimos historias e ideas que inspiraron el diseño del taller. Entre ellas, surgieron relatos sobre el pasado de La Balsa: como el de un señor que vivía en la parte superior del lugar o los recuerdos de vecinos que entraban de pequeños a bañarse allí durante el calor. También aparecieron especulaciones sobre la antigüedad de la actividad humana en este rincón olvidado, conocimientos sobre geología y las dinámicas de juego de excavación y recolección de las niñas y niños que frecuentaban la zona. Sumamos a estas cuestiones nuestros propios intereses en algunas perspectivas presentes en el pensamiento y el arte contemporáneo: lo ecológico, lo queer, lo postcapitalista, lo no occidental, lo no humano, lo ético y sostenible, la cultura de los cuidados, lo intergeneracional, entre otras.

Así nos pusimos como objetivo crear las Historias de La Balsa, empleando la ficción especulativa como herramienta de imaginación compartida, y para acercarse primero a la realidad, pensamos en hacer arqueología fantástica.

Arqueología fantástica (en positivo)

Decidimos organizar dos grupos en La Balsa: buscadores y recolectores.

El grupo de buscadores se encargaría de encontrar objetos o cosas hechas por personas, y elementos vegetales o minerales, siempre que fueran muy especiales y curiosos. Y por otro lado, el grupo de recolectores trabajaría con lugares y elementos que no podían trasladarse físicamente: árboles secos, gradas, huecos en la roca… Así tendríamos una recolección de materiales físicos y descripciones de rincones, todos ellos definiendo la realidad actual de la Balsa, ¿para qué?, para llevar La Balsa al Museo, mediante la llamada “migración de escombros”.

Visita a las obras del MACA con denominador común «la tierra»

Desde el punto de vista de lo que hicimos, en el MACA (Museo de Arte Contemporáneo de Alicante) se inició una ruta por varias obras que servirían de inspiración.

Primero se exploró el trabajo de Carmen Calvo, quien recopila y organiza cosas en lo que parece una clasificación sin criterios evidentes. Su obra presenta objetos que parecen simples cosas: sin función, sin utilidad aparente, pero que al ser ordenadas y dispuestas con cuidado, adquieren una dimensión narrativa y estética. La artista disfruta del proceso arqueológico como acto físico de redescubrimiento, convirtiendo cosas en objetos con significado, en paisajes, en lenguajes. Se reflexionó sobre esta ambigüedad entre lo clasificado y lo desconocido, y se lanzó la pregunta: ¿sería posible representar la historia de La Balsa con sus propias cosas y objetos?

A continuación, se presentó una obra de Juana Francés, artista alicantina de la segunda mitad del siglo XX. Su trabajo no busca representar objetos reconocibles, sino que utiliza el mismo material del paisaje para construir un paisaje emocional e interior. Trabajó con escombros y tecnología, integrando en su obra restos encontrados, como hizo en la rehabilitación del azud en San Isidro de Albatera. En otra obra, representó una figura humana hecha con residuos tecnológicos, cuestionando así la relación entre los objetos y el ser humano.

Se continuó con la obra de Manuel Millares, artista canario fascinado por la cultura prehispánica guanche. Sus trabajos incorporaban arena, cerámica, madera y arpillera —material usado en momificaciones guanches—. Se destacó su obra Descubrimiento en Millares 1671. Diario de una excavación arqueológica imaginaria y barroca, donde Millares simulaba un diario lleno de apuntes escritos en un lenguaje inventado. Este trabajo provocaba una reflexión sobre las narrativas históricas dominantes, y planteaba la posibilidad de construir nuevas versiones del pasado. Fue una clara inspiración para el enfoque del taller: imaginar otras historias de La Balsa, otras formas de habitar la ciudad.

La línea de tiempo especulativa de La Balsa

Posteriormente, el grupo se trasladó a la biblioteca del museo, donde se dispusieron en el suelo todos los materiales recogidos. Comenzó una fase de ordenación, inspirada en las artistas previamente visitadas. Las cosas-objeto se alinearon en franjas horizontales, como si fueran palabras en un jeroglífico. El orden fue decidido por las participantes.

Después se clasificaron estos materiales por momentos históricos. Cada grupo recibió una tablilla y una carta histórica. La carta describía un periodo real y sugería qué tipo de objetos podrían encontrarse en una excavación fantástica correspondiente a ese momento, junto a posibles personajes.

La tarea consistía en elegir entre uno y tres objetos representativos de su época ficcional. Estos fueron montados en la tablilla como si se tratara de la portada de un libro que narra esa historia. Los objetos fueron taladrados y atados con alambre para su presentación.

Una vez finalizadas, las tablillas fueron registradas y se realizó una lectura colectiva de la línea del tiempo de La Balsa, formada por todas las historias creadas.

El encuentro concluyó con una reflexión: ¿Qué pasaría si este proyecto continuara? Surgieron ideas de regresar a La Balsa para escribir las historias inventadas, dibujar escenas, crear experiencias digitales o animaciones en stop-motion.

Se insinuó así el inicio de un posible vínculo a largo plazo entre el Museo y el barrio, veremos cómo continúa esta historia!